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miércoles, 15 de enero de 2020

Emmett Chappelle


Emmet Chappelle fue un científico americano nacido en 1925 en Estados Unidos que trabajó en los campos de la medicina, la ciencia de los alimentos y la astroquímica.

Asistió al instituto Phoenix Union Colored High School en la ciudad de Phoenix (Arizona), donde se graduó en 1942. En el mismo año, se alistó en el ejército y aprovechó su estancia en el mismo para tomar algunos cursos de ingeniería. En 1946 volvió a Estados Unidos y se matriculó en Phoenix College para estudiar Ingeniería Eléctrica.

En 1950 se graduó en Bioquímica en la Universidad de Berkeley (California) y en los años posteriores obtuvo un Máster en Bioquímica en la Universidad de Washington (Washington). Entre 1955 y 1958 trabajó como investigador asociado en la Universidad Stanford.

En 1958, Chappelle se incorporó al Instituto de Investigación de Baltimore, donde realizó uno de sus mayores descubrimientos: la confirmación de que los organismos celulares son fotosintéticos (es decir, capaces de transformar energía lumínica en energía química, convirtiendo dióxido de carbono en oxígeno, al contrario que los seres humanos). Esto ayudó en la creación para astronautas en el espacio de un ambiente con oxígeno que se renueva de forma constante gracias a la actividad de las algas.

En 1966 se incorporó a la NASA como exobiólogo y astroquímico. En los años siguientes trabajó en la Nave “Viking” y colaboró en el desarrollo de instrumentos dirigidos al estudio del suelo en Marte.

Sin embargo, Chappelle es principalmente reconocido por su trabajo en bioluminiscencia (proceso por el que ciertos microorganismos son capaces de producir luz). Por medio de la enzima luciferasa y el compuesto luciferina elaboró un método para detectar la presencia de ATP (Adenosín Trifosfato), compuesto orgánico presente en todos los seres vivos, con el fin de utilizarlo en la búsqueda de vida extraterrestre.

Además, es responsable del descubrimiento que demostró la posibilidad de contar bacterias atendiendo a la cantidad de luz proyectada por las mismas, lo que permitió a los médicos detectar infecciones a partir de reducidos grupos de bacterias, y de la fluorescencia inducida por laser para determinar la salud de las plantas midiendo la fotosíntesis de los cultivos, lo que permitió el estudio de aspectos como las tasas de crecimiento o los períodos de cosechas. Se jubiló en 2001.

Chapelle perteneció a lo largo de su vida a varias asociaciones, como son la Sociedad Americana de Química, la Sociedad Americana de Bioquímica y Biología Molecular y la Sociedad Americana de Microbiología.

En 2007 su nombre fue incluido en el Salón de la Fama Nacional de Inventores. Murió en 2019.

domingo, 6 de octubre de 2019

Stephanie Kwolek


Stephanie Kwolek nació en New Kensington (Pennsylvania) en 1923. Procedente de una familia de inmigrantes polacos, se graduó en Química en Margaret Morrison Carnegie College en 1946 con la intención de encontrar un trabajo y ahorrar para estudiar medicina, que era su verdadero objetivo.

Kwolek consiguió su primer trabajo en la empresa DuPont, donde encontró en la química polimérica su nuevo gran interés. Desarrolló sus labores mayoritariamente en el laboratorio de investigación de fibras textiles, donde trató de encontrar nuevos materiales que fueran capaces de resistir frente a condiciones extremas.

En 1965, Kwolek realizó el que se considera como uno de sus mayores descubrimientos: experimentando con nuevos polímeros, obtuvo una solución opaca y fluida que, aunque en un principio se consideraba defectuosa, un día decidió llevar a un técnico para que la hilara por medio de una máquina. Así, obtuvo como resultado una fibra ligera y mucho más resistente que el acero: el “Kevlar” (de nombre científico “poliparafenileno tereftalamida”), un polímero cuya estructura le proporcionaba una dureza y resistencia sin precedentes que además se veían incrementadas con un aumento de temperatura.

En 1972, la empresa inició la comercialización de este material, que le valió a Kwolek su inclusión en el National Inventors Hall of Fame en 1994 y la obtención de varios premios como la Lavoisier Medal en 1995, la National Medal of Technology en 1996 y la Perkin Medal de la American Chemical Society en 1997. Se jubiló en 1986.

A lo largo de toda su carrera, Kwolek destacó por su insistencia en la importancia de tratar de obtener beneficio en todo lo posible hasta de lo considerado como un error, o dicho en otras palabras: no rendirse jamás. Además, dedicó grandes esfuerzos al acercamiento de la juventud a la ciencia, especialmente entre las mujeres. Murió en 2014.

En la actualidad, casi medio siglo después de su comercialización, el Kevlar ha encontrado más de doscientas aplicaciones entre las que se incluyen la fabricación de numerosas piezas aeroespaciales, material deportivo o de construcción, pero sin duda la más conocida de todas ellas es el “chaleco antibalas”, que desde su invención ha salvado incontables vidas en todo el mundo.

miércoles, 19 de junio de 2019

La IUPAC


La IUPAC (International Union of Pure and Applied Chemistry, Unión Internacional de Química Pura y Aplicada en español) es una organización que fue creada en 1919 por químicos de los ámbitos industrial y académico con el fin de desarrollar estándares para nomenclatura, simbología y procesos químicos, buscando la cooperación internacional entre profesionales químicos y promoviendo a través de diversas publicaciones la educación científica. Está constituida por sociedades químicas y academias de ciencia nacionales, además de otros grupos representantes de químicos. Para alcanzar sus metas, la IUPAC cuenta en la actualidad con ocho divisiones, en el nombre de cada una de las cuales hay un enlace a una explicación ampliada en inglés de los objetivos de cada una:


Entre los objetivos actuales de la IUPAC se encuentra desarrollar una serie de proyectos medioambientales como el reciclaje de polímeros, los límites de residuos de pesticidas en el agua o un glosario con términos químicos atmosféricos.

Además, se encarga de fijar los protocolos para procedimientos analíticos y clínicos, las normas que aseguran la calidad y el diseño de los laboratorios en situaciones como los ensayos inmunológicos o la determinación de trazas de elementos en los fluidos corporales.

También publica datos fidedignos de gran ayuda para químicos e ingenieros como los relacionados con los materiales de referencia recomendados para el logro de determinadas propiedades fisicoquímicas o la recopilación de datos de solubilidad.

Especial relevancia tiene la “Nomenclatura IUPAC”, un sistema de nomenclatura de compuestos químicos y de descripción de la ciencia y de la química en general cuyo contenido se distribuye en cuatro libros:

*El Libro Azul: incluye las reglas para nombrar compuestos orgánicos (es decir, con carbono en sus moléculas).
*El Libro Rojo: establece las normas para nombrar compuestos inorgánicos (sin carbono en sus moléculas).
*El Libro Verde: comunica una serie de recomendaciones en el uso de símbolos para cantidades físicas.
*El Libro Dorado: reúne las definiciones de numerosos términos técnicos utilizados en el ámbito de la química.

domingo, 2 de junio de 2019

El proyecto APQUA


El proyecto conocido como Aprenentatge dels Productes Químics, els seus Usos i Aplicacions (Aprendizaje de los Productos Químicos, sus Usos y Aplicaciones, APQUA) nació en 1989 en el Departamento de Ingeniería Química de la Universitat Rovira i Virgili (Tarragona) en colaboración con el programa SEPUP (Science Education for Public Understanding Program), del Lawrence Hall of Science de la Universidad de California en Berkeley.

Su objetivo es doble: por un lado, pretende concienciar a la población sobre procesos y productos químicos cuya utilización supone un riesgo para las personas y para el medio ambiente y por otro, hacerla partícipe de los procesos de toma de decisiones.

En el proyecto se incluyen:

*Un programa escolar para alumnos de 4º, 5º y 6º curso de Educación Primaria y de Educación Secundaria. Se basa en el estudio y debate de temas de actualidad relacionados con productos químicos. Se trata, tal y como se dice en la página web, de “recoger y procesar información sobre hechos científicos y aprender a utilizarla para tomar decisiones”.
*Un programa público, Science Shop, dirigido a adultos. Entre sus objetivos se encuentran transmitir conocimiento científico a la sociedad y motivar su acceso a la ciencia, poner en contacto a estudiantes universitarios, investigadores, empresas y organizaciones ciudadanas y concienciar a instituciones y empresas sobre las necesidades educativas de la sociedad.
*Un programa de visitas educativas a industrias. Plantea el desarrollo de actividades educativas en el contexto de una industria y da a conocer las oportunidades profesionales relacionadas con la misma, con el fin de transmitir un interés por la ciencia y la tecnología.



miércoles, 24 de abril de 2019

El astato


El astato o ástato (del griego astatos: “inestable”) es un elemento químico de la tabla periódica representado por el símbolo “At”. De apariencia metálica, su número atómico es 85 (esto es, cada átomo tiene 85 protones) y se encuentra en la serie de los halógenos junto a otros elementos como el flúor, el cloro o el yodo, siendo el más pesado y el menos reactivo de todos ellos. Es además radiactivo y en la naturaleza se origina a partir de la degradación de uranio y torio.                         

Se caracteriza por ser el elemento más raro: su cantidad total en la superficie terrestre en todo momento no alcanza los veinticinco gramos.

Dmitri Mendeléyev, el químico ruso que en 1869 ideó la famosa tabla periódica, incluyó en la misma varios huecos para futuros elementos aún por descubrir. Entre ellos se encontraba el astato.


Fue sintetizado por primera vez en 1940 en la Universidad de Berkeley (California, Estados Unidos) por tres físicos: Dale R.Corson, Kenneth Ross Mackenzie y Emilio Segrè, quienes para conseguirlo bombardearon bismuto (un elemento metálico) con partículas alfa. Le pusieron ese nombre debido a su inestabilidad, que conlleva un corto período de semidesintegración (tiempo necesario para que la mitad de los núcleos atómicos se desintegren) para sus isótopos (átomos con la misma cantidad de protones, pero diferente número de neutrones), siendo el que menos perdura 125 nanosegundos y el que más 8,1 horas.

Debido a este período tan breve y a su escasez en la superficie de la Tierra, sumadas a la dificultad de su producción artificial (hasta la fecha, entre todos los laboratorios del mundo que alguna vez se han involucrado, no se ha llegado a sintetizar más de una millonésima de gramo) el astato no presenta actualmente usos más allá de la investigación científica básica.