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domingo, 6 de septiembre de 2020

Juan Gil Collado

Portada del libro "La dignidad de un entomólogo"

Juan Gil Collado nació en la población española de Martos (Jaén) en 1901. Cuando tenía dos años, su familia se mudó a Madrid, donde en 1916 empezó sus estudios en la Facultad de Ciencias de la Universidad de Madrid para acabar decantándose por la entomología: la ciencia que estudia los insectos, que abarcan más de dos tercios de todas las especies de seres vivos conocidas.

En 1923, Gil Collado fue contratado por el Museo Nacional de Ciencias Naturales en Madrid, donde acabaría convirtiéndose en uno de los mayores expertos a nivel internacional en los mosquitos que transmiten la malaria, enfermedad que en la época se encontraba muy presente en España con miles de casos anuales. En 1935 participó en el VI Congreso Internacional de Entomología, celebrado en Madrid, donde tuvo una gran presencia, pero cuya potencial repercusión desapareció con el comienzo de la Guerra Civil.

En 1945 fue inhabilitado por el Tribunal Especial para la Represión de la Masonería y del Comunismo, lo que llevó a su familia a la ruina. Terminó encontrando trabajo en una empresa vasca de nombre “Insecticidas Cóndor”, donde pudo poner en práctica los conocimientos científicos adquiridos tras tantos años de estudios e investigaciones.

Falleció en Madrid en 1986, dejando a su nieto, Víctor García Gil, una colección de fotografías que esperarían más de treinta años antes de ser publicadas en un libro: “La dignidad de un entomólogo”.

domingo, 26 de julio de 2020

Primera imagen de un sistema solar como el nuestro

(Fuente Imagen: ESO/Bohn et al.)

Se trata de un sistema solar situado en la constelación austral de Musca, a 300 años luz de la Tierra, que ha recibido el nombre TYC 8998-760-1. En la imagen se aprecian dos exoplanetas (en la parte inferior derecha, ambos gigantes gaseosos como Júpiter y Saturno, pero con una masa varias veces mayor) girando alrededor de una estrella del mismo tipo que nuestro Sol, pero mucho más joven (en la parte superior izquierda). Los restantes puntos brillantes son estrellas de fondo. 

Aunque pueda parecer que no se encuentran tan lejos, los exoplanetas de este sistema orbitan alrededor de su estrella a una gran distancia: entre 160 y 320 veces la que separa a la Tierra del Sol (cuya media, recordemos, es de 150 millones de kilómetros), frente a las 5 y 10 veces de Júpiter y Saturno, respectivamente.

La imagen fue tomada en el Observatorio Europeo Austral, en el desierto de Atacama (Chile) con el telescopio VLT (Very Large Telescope), que es el mismo telescopio con el que se captó la primera imagen directa de un exoplaneta en 2004. SPHERE, un instrumento del propio telescopio, bloqueó la luz de la estrella mediante un dispositivo denominado coronógrafo, lo que permitió que los exoplanetas fueran visibles, un método muy útil para encontrar exoplanetas jóvenes, que al estar más calientes brillan más en el rango infrarrojo de la luz. La pertenencia de los planetas al sistema solar se confirmó a partir del análisis de una serie de datos obtenidos años atrás. Para determinar si se formaron en su ubicación actual o si migraron desde otros lugares en algún momento durante el proceso de formación, deberán realizarse más observaciones.

La estrella del sistema TYC 8998-760-1 es una “versión muy joven de nuestro propio Sol” en palabras del equipo de Alexander Bohn, estudiante de doctorado en la Universidad de Leiden (Países Bajos) y director de la investigación publicada el pasado miércoles 22 de julio en la revista científica The Astrophysical Journal Letters. De hecho, tiene solo 17 millones de años, lo que es muy poco en comparación con los 4.500 millones de nuestro Sol, cercano ya al ecuador de su vida.

La imagen constituye un logro sin precedentes en una investigación que ayudará a comprender mejor el proceso de formación y la evolución de sistemas planetarios como el nuestro, lo que a su vez facilitará la búsqueda de vida extraterrestre.

Si quieres saber más sobre exoplanetas, en la entrada del 16 de junio de 2019 podrás encontrar mucha más información.

miércoles, 25 de diciembre de 2019

El color de las imágenes astronómicas


Si hay algo común a todas las imágenes tomadas del universo es la extraordinaria belleza de sus colores. ¿Pero te has preguntado alguna vez si estos colores son o no “reales”, es decir, si los veríamos de la misma forma en directo con nuestro propios ojos o si han sido modificados para que los veamos así cuando observamos una fotografía, por ejemplo, de una nebulosa o de una galaxia?

Respondiendo a la pregunta, los colores son efectivamente reales, pero hay cierta complejidad en ello. Curiosamente, las cámaras que se utilizan para fotografiar el universo funcionan en escala de grises, lo que les confiere una sensibilidad mucho mayor a la de las cámaras en color a las que en la actualidad estamos acostumbrados en nuestra vida diaria.

Los astrónomos utilizan filtros de diferentes colores para captar una parte concreta de la luz que nos llega de los cuerpos celestes, de manera que codificando distintas tomas con varios colores, obtenemos una imagen como la mostrada a continuación, en la que se observa una región que albergó la formación de una nueva estrella en la constelación “Cygnus”, tomada por el Telescopio Espacial Hubble en 2011.


No obstante, también existe la posibilidad de recurrir a radiaciones que nuestros ojos no tienen capacidad de ver, como la luz ultravioleta o la infrarroja, lo que da lugar a imágenes como la siguiente, tomada en 2012 por el Telescopio Galaxy Evolution Explorer mediante luz ultravioleta, que jamás podríamos ver de forma natural. En ella se muestra el conocido como “Bucle de Cygnus”, en la misma constelación de la primera imagen, una nebulosa formada por los restos de una supernova (es decir, la explosión de una estrella).


Aunque parezca algo de importancia meramente estética, lo cierto es que los colores son de gran ayuda para los astrónomos en el estudio de las propiedades físicas y químicas de diferentes cuerpos como estrellas, nebulosas o galaxias a través de la utilización de filtros específicos que dejan pasar únicamente la luz emitida por un elemento químico en concreto como el oxígeno, el hidrógeno o el azufre. De esta forma, los astrónomos son capaces de distinguir, por ejemplo, las estrellas jóvenes de las viejas, o las galaxias con mayor número de unas o de otras.

miércoles, 29 de mayo de 2019

Anna Atkins


Anna Children fue una botánica y fotógrafa nacida en 1799 en Tonbridge, Kent (Reino Unido). Dada la temprana muerte de su madre, fue criada por su padre, el químico, minerólogo y zoólogo John George Children, quien le inculcó una educación científica.

En 1825 se casó con el comerciante John Pelly Atkins y se trasladó a Halstead (Reino Unido), donde desarrolló su interés por la botánica recolectando, secando y almacenando multitud de plantas en una serie de herbarios.

En 1839 asistió a la presentación en la Royal Society del invento de William Henry Fox Talbot: los “fotogramas” o imágenes fotográficas hechas sin cámara, que se lograban situando un objeto sobre un folio de papel sensible a la luz y dejándolo expuesto al sol. En 1842, el astrónomo y químico John Frederick William Herschel mejoró esta técnica mediante el proceso llamado “cianotipia”.

Atkins utilizó la cianotipia para elaborar imágenes fotográficas de algas que había recolectado en la costa del sudeste de Inglaterra. Lo hacía untando una hoja de papel con una solución de sales de hierro y dejándola secar. A continuación, situaba un alga sobre el papel, lo comprimía bajo un rectángulo de vidrio y lo exponía a la luz solar durante quince minutos. Luego lavaba el folio expuesto con agua, lo que llevaba a que la parte descubierta del papel adquiriera un color azul intenso. Así, la parte ocupada por el alga proporcionaba un dibujo en negativo en color blanco crema.

El trabajo empezó a publicarse en 1843 en fascículos titulados “British Algae: Cyanotype Impressions”, incluyendo 389 fotogramas y terminó convirtiéndose en el primer libro ilustrado con imágenes fotográficas.

En 1853 se publicó “Cianotipos de helechos británicos y extranjeros” y en 1854, “Cianotipos de plantas con flores y helechos británicos y extranjeros”, cuya autoría Atkins compartió con su amiga Anne Dixon, que había sido educada junto a ella por su padre.

En 1865, Atkins donó sus herbarios al Museo Británico. Murió en Halsted Place (Reino Unido) en 1871.